mar 16 2012
Jungfraujoch, Top of Europe
» Escrito por Abel GarciaLa estación de tren más alta de Europa
Aunque el Mont Blanc sea la montaña más alta de los Alpes, hay otra cumbre europea que destaca por un récord: la Jungfrau, en la región suiza del Oberland Bernés. Entre esta montaña y el vecino Eiger se encuentra la estación de tren más alta de Europa: Jungfraujoch, que con 3471 metros de altura se puede llamar a sí misma “Top of Europe”.

La estación de Jungfraujoch es el punto culminante de un largo recorrido de casi dos horas en tren cremallera, que parte de los pueblos de Grindelwald y Lauterbrunnen hasta la estación de montaña de Kleine Scheidegg, donde se cambia de tren. La segunda parte del recorrido discurre en un principio por el exterior, pero pronto se interna en las entrañas de la mole de piedra del Eiger, haciendo una parada en los miradores desde los que se puede apreciar el increíble paisaje que rodea las montañas.
Una vez llegados a Jungfraujoch, hay varias cosas que se pueden hacer. Lo primero es tomarse unos minutos para acostumbrarse a la altura, para no sufrir mareos; si es invierno, conviene ponerse alguna capa más de ropa antes de salir al exterior (sea verano o invierno, la Jungfrau siempre está nevada. Una vez en el exterior, tienes varias opciones: caminar hasta el glaciar de Aletsch (Patrimonio Natural de la Humanidad), montar en un trineo tirado por perros de la nieve… O, si eres friolero, puedes quedarte en el interior y visitar la galería de estatuas de hielo, para luego tomar el ascensor hasta el mirador del observatorio científico Sphinx.
Subir hasta Jungfraujoch es una experiencia cara: el billete desde Grindelwald y Lauterbrunnen cuesta alrededor de 200 francos (actualmente, unos 180 euros). Existe una opción más barata, el billete llamado Good Morning: si estás dispuesto a madrugar (partiendo a las 7 de la mañana y bajando antes de mediodía), te puedes ahorrar un 50% del precio del billete. Y la verdad es que, para estar al menos una vez en Jungfraujoch, merece la pena madrugar un día.
Fotografía del autor (Abel Garcia).







La más grande de estas áreas es el Parque Nacional de Comoé, uno de los espacios protegidos más vastos del África occidental, con casi 15.000 kilómetros cuadrados. Se caracteriza por la gran diversidad de sus ecosistemas, desde selvas hasta sabanas, que son el hábitat de especies muy diversas; y un paisaje que cambia al ritmo de las inundaciones del río Camoé.
Seguidamente, encontramos la Reserva Natural Integral del Monte Nimba, situada en la frontera del país con Liberia y Guinea. Este se caracteriza por dos ecosistemas en concreto, los pastos de montaña y el bosque tropical, donde habitan algunas especies endémicas y cuyos habitantes más conocidos, los chimpancés, han aprendido a usar los materiales que el bosque les ofrece como herramientas.
Finalmente, pero no por ello menos importante, el Parque Nacional de Taï es uno de los últimos reductos de selva virgen en África y el hogar de varias especies seriamente amenazadas como el hipopótamo pigmeo, el bonobo o el cefalofo de Jentink (una especie de antílope). Es también un lugar en el que hay que tomar especiales precauciones sanitarias, pues es un reservorio natural para el virus del Ébola.





